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¿CÓMO SE HACE? UNA APROXIMACIÓN AL PROBLEMA DEL MÉTODO EN EL DERECHO Y EN EL TEATRO

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Author(s): María Isolina Dabove | Bernardo J. Vitta

Journal: Cognitio Juris : Revista Jurídica
ISSN 2236-3009

Volume: 02;
Issue: 02;
Start page: 30;
Date: 2011;
Original page

Keywords: ¿CÓMO SE HACE? | UNA APROXIMACIÓN AL PROBLEMA DEL MÉTODO EN EL DERECHO Y EN EL TEATRO

ABSTRACT
En el siglo XVI, la filosofía occidental aborda la pregunta en torno a los métodos, a los caminos eficaces para la producción científica. ¿Cómo se hace… para generar un conocimiento confiable, cierto y útil?, se preguntan los filósofos del conocimiento y, sobre ello comienza la construcción de las ciencias y las tecnologías particulares. En el siglo XIX, son los juristas los que se preguntan ¿cómo se hace? su propia disciplina. Y así, desde ella nacen la Teoría del Derecho y la Metodología jurídica con la Exégesis francesa y la Dogmática alemana. Pero será recién el siglo XX el tiempo adecuado para que irrumpa la pregunta metodológica en el mundo del Teatro. Será a principios del novecientos cuando se interrogue ¿cómo se hace… para producir teatro?, ¿En qué consiste el proceso creador y la actuación? Estos son los cuestionamientos que permitirán la configuración de una nueva perspectiva del Teatro: la Teoría Teatral y la Antropología teatral. En este trabajo intentaremos observar cuáles son los puntos de conexión y de diferenciación que existen en la pregunta acerca de la producción jurídica y teatral. Así como también trataremos de identificar qué beneficios y perjuicios se reportan Derecho y Teatro entre sí, con sus respuestas. En suma, nos preguntamos ¿qué podemos aprender nosotros hoy, con todo ello?[1] Los puntos de conexión más claros en torno al método –es decir, acerca de la actuación para la producción jurídica y teatral, se encuentran en el plano lingüístico y en la perspectiva sociológica. El Derecho y el Teatro se expresan en textos, se configuran por discursos y ambos constituyen lingüísticamente alguna realidad. Ficticia, para el teatro; fáctica para el Derecho. Por otra parte, es curioso observar que los cuestionamientos referidos a los caminos para la producción jurídica y teatral nacen de la mano de la identificación de sus protagonistas, de sus repartidores más destacados. El legislador, el juez, el ciudadano; en el campo jurídico. El actor, el director, el espectador, en el escenario teatral. Sin embargo, Derecho y Teatro se diferencian también metodológicamente, con motivo de los fines que pretenden cada uno para sí y del lugar que, por ello, le asignan al método. El Derecho pretende la justicia, sobre cierta base de verdad y utilidad. El Teatro, en cambio, aspira a la belleza, con apoyo en la verdad personal y en el bien, según algunas perspectivas filosóficas sobre este campo. Justicia y belleza son valores diversos entre si. La justicia exige proporción, equilibrio y armonía en las relaciones que las personas establecen entre sí. Reclama actuación y creación jurídicas, en un espacio controlado de producción. En suma, como valor, la justicia establece criterios racionales de distribución y conmutación de objetos que las partes se deben mutuamente. Reclama actuación y creación, sobre un campo “lleno”, pre-existente, de vida[2]. La belleza, en cambio, exige provocación, sensibilidad y catarsis en el hecho, en la comunicación, teatral. Requiere actuación y creación pero, sobre un espacio vacío, en el que todo es posible; todo puede suceder, al decir de Peter Brook[3]. Por ello, justicia y belleza asignan también lugares distintos a los métodos de producción. La historia y la Filosofía del Derecho muestran una clara tendencia a la jerarquización del método en la reflexión sobre la producción jurídica. En la historia del Teatro se observa, sin embargo, el predominio de una larga línea crítica hacia el desarrollo metodológico. ¿Es el Teatro un terreno propicio para la belleza dionisíaca o apolínea; es un espacio para la liberación o el control de las pasiones y de la emoción? ¿Hay, pues, reglas que expliquen la actuación? Ellos son sólo algunos de los interrogantes más frecuentes en este marco, y son, también, los más jóvenes: se esgrimen con claridad, a principios del siglo XX. Sea ello como fuere, cierto es que la pregunta en torno al método en Derecho y Teatro, se alza sobre un fantasma filosófico ancestral: el ¿corsé? de la creación. ¿Puede hablarse con coherencia, acerca de la existencia de un “proceso” creador?, ¿Está la creación sometida a –o constituida por- reglas? ¿Es posible identificar pautas universalmente válidas, para la comprensión de la actuación creadora? En caso de lograrlo: ¿es factible, entonces, maximizar la capacidad productiva del hombre; potenciar su creatividad? Veamos ahora, qué es lo que ha sucedido en el Derecho y el Teatro en torno al método. Veamos, pues, si es posible aprender de esta aventura filosófica compartida, recordando a sus expositores más relevantes.
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