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Eros platónico y amor a los muchachos

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Author(s): Mas, Salvador

Journal: Isegoría
ISSN 1130-2097

Issue: 48;
Start page: 245;
Date: 2013;
Original page

Keywords: pederasty | Plato | pleasure | control of desires | Sparta | Crete | pederastia | Platón | placer | control de los deseos | Esparta | Creta

ABSTRACT
In this paper I try to analyze, on the one hand, the intricate institutional, political and intellectual Greek pederasty framework; on the other hand, the Platonic response to it. Perhaps originally pederasty was a strongly regulated rite of passage; subsequently became a theme for poets and an element of the aristocratic self-awareness. Plato know that the tradition of Sparta and Crete, as well as poets, legitimize pederastic practices. Maybe he was not alien to them and, in any case, he was moving in intellectual circles which sought a synthesis of Socratic teaching and tradition and poets. These intellectual circles inserted the pederasty in a broader educational framework and removed all sexual connotations. Plato also knows that Socratic teachings are difficult to fulfill, that there is something important in them and that their fulfillment demands renunciations. That the harmony of the soul with itself demands renunciations, not imply the radical abandon of any erotic elements. Therefore the question of pederasty is central to Plato’s philosophy, because this question show clearly the difficulties outlined above: the pederasty becomes a miniature model which poses the political problem that really matters to Plato, the problem discussed in the dialogs examined in this paper and that reaches its highest expression in the Laws: the control of desires (as far as possible and by all available means) as a fundamental element in the construction of this regime “that, if it should come into being, everything would be good for the city in which it came into being” (Rep. 471 c).En el presente trabajo intento analizar, por una parte, el complejo entramado institucional, político e intelectual tejido en torno a la pederastia griega; por otra, la respuesta platónica ante él. Quizá en sus orígenes la pederastia fuera un rito iniciático sometido a una fuerte reglamentación; posteriormente se transformó en un tema cantado por los poetas y en un elemento de la autocomprensión aristocrática. Platón sabe que la tradición de sus admiradas Esparta y Creta, así como los poetas, ofrecen cierta cobertura ideológica a las prácticas pederasticas; tal vez no fuera ajeno a ellas y, en todo caso, se movía en círculos que intentaban difíciles síntesis entre las enseñanzas socráticas y la tradición y los poetas, insertando la pederastia en un marco educativo más amplio e intentando desterrar de ella cualquier connotación sexual. Platón sabe asimismo que las enseñanzas socráticas son difíciles de cumplir, que en ellas hay algo importante y que su cumplimiento pide renuncias. Ahora bien, que la armonía del alma consigo misma pida renuncias no implica desterrar radicalmente todo elemento erótico. De aquí la centralidad de la cuestión de la pederastia en el pensamiento platónico, porque en ella se ve con especial claridad las dificultades esbozadas en las líneas anteriores, como si la pederastia fuera una especie de modelo en miniatura donde poder plantear el problema político que verdaderamente interesa a Platón, al que apuntan los diálogos examinados en este artículo y que alcanza su máxima expresión en las Leyes: el control de los deseos (en la medida de lo posible y por todos los medios posibles) como elemento fundamental en la construcción de esa organización política que, “si existiera, todo serían bienes para la ciudad en la que se diera” (Rep. 471 c).
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