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Impresiones y recuerdos: José Silverio Gómez 1801-1904

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Author(s): Henri Pittier

Journal: Población y Salud en Mesoamérica
ISSN 1659-0201

Volume: 8;
Issue: 2;
Start page: 1a;
Date: 2011;
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Keywords: Envejecimiento | longevidad | zona rural | población rural | campesinado | historia migratoria | demografía histórica

ABSTRACT
Este ensayo del sabio conservacionista Henri Pittier (1857-1950) que data de 1904 es posiblemente el primer testimonio sobre la excepcional longevidad de los habitantes de la Península de Nicoya, Costa Rica. Fue el estadístico costarricense Carlos Raabe quien llamó mi atención sobre este ensayo cuando en 2007 diversos medios de comunicación del mundo dan a conocer a la, así llamada, “Blue Zone” de Nicoya. La organización National Geographic había acuñado tres años antes en un artículo de su conocida revista el término Blue Zone para designar tres bolsones de súper longevidad en el mundo: Okinawa en Japón, Cerdeña en Italia y Loma Linda en California, EEUU. Más tarde, y a raíz de una ponencia sobre la excepcionalmente baja mortalidad de los nonagenarios costarricenses que presenté en la XXV Conferencia Mundial de la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población (IUSSP) en Tours, Francia y tras cuidadoso examen de la evidencia científica, National Geographic incluye a la península de Nicoya como la cuarta Blue Zone del mundo. Henri Pittier se anticipa, entonces, cien años en descubrir la Blue Zone de Nicoya.¿Quién es Henri Pittier?Una rápida búsqueda en Google da cuenta de que el más antiguo y más famoso parque nacional de Venezuela, establecido en 1938, se denomina Henri Pittier en reconocimiento al botánico y geógrafo suizo de ese nombre que se estableció en ese país en 1917 y que publicó en 1926 el “Manual de las Plantas Usuales de Venezuela” una obra clásica reeditada varias veces y utilizada hasta nuestros días. Pittier publicó cerca de 300 obras, entre los que se cuenta otra obra clásica: “Primitia Flora Costaricensis” (1907). Henri Pittier es de la estirpe de los sabios naturalistas del Siglo XIX como Humboldt o Darwin. Llega a Costa Rica en 1887 invitado por las visionarias autoridades de educación costarricense de entonces quienes al mando de Mauro Fernández y Ricardo Jiménez importaron educadores y científicos europeos para establecer un moderno sistema educativo nacional. Henri Pittier reside en Costa Rica durante 17 años en los que enseña en el Liceo de Costa Rica, establece el Instituto Meteorológico Nacional, dirige el Instituto Físico Geográfico y el Herbario Nacional e impulsa el establecimiento del Museo Nacional como centro de investigación y exhibición de la historia natural del país. Pittier deja Costa Rica en 1905 para recorrer las Américas como botánico del Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos durante 14 años. Se establece finalmente en Venezuela como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores en 1919 y allí dirige y funda varias instituciones públicas y privadas, entre ellas el Parque Nacional que más tarde llevaría su nombre y el Herbario Nacional, hoy Instituto Botánico. En las décadas finales de su vida lleva a cabo la monumental obra de estudiar y clasificar más de 30.000 plantas en Venezuela.Pittier viajó ampliamente por Costa Rica y las observaciones de sus viajes, publicadas en diversos medios, incrementaron sustancialmente el conocimiento de la geografía y biología de Costa Rica. El ensayo que aquí reproducimos recoge observaciones de uno de esos viajes. En particular, captura los recuerdos de un centenario nicoyano, José Silverio Gómez, fallecido en 1904 a la edad de 103 años. Aunque esos recuerdos aportan valiosa información sobre la vida y el entorno natural de Nicoya del Siglo XIX, nuestro interés fundamental en esta crónica es la observación del sabio Pittier de que los moradores de la zona disfrutan del privilegio de una larga vida: “…en todas mis peregrinaciones por estas tierras no he encontrado otro rincón cuyos habitantes estén bendecidos con tal abundancia de años” escribe el sabio. Aunque la percepción de Pittier es puramente anecdótica no deja de tener interés como antecedente de los estudios que, basándose en datos puros y duros, han mostrado que los ancianos nicoyanos tienen de las más bajas tasas de moralidad en el mundo.
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